Traficantes de recuerdos-Cuento 2da parte

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El mundo, por su contaminaciòn ya no podìa conocerse libremente. La lluvia era àcida y quemaba, el sol, por la pèrdida de la capa de ozono provocaba cànceres fulminantes, los bosques eran àreas protegidas y no podìan visitarse y el sexo era una experiencia tan controlada que ya no despertaba la lìbido. Todo eso habìa provocado que las personas añoraran los viejos tiempos y los recuerdos de los ancianos, y Jordi habìa encontrado una veta que se proponìa explotar.
Gracias a los amigos del abuelo habìa hecho muchos buenos negocios, y en cierta forma lo hacìa sentir bien el hecho de haberle devuelto a muchos la sonrisa y la capacidad de sentir còmo un humano, hasta que un dia conociò a un viejo e interesante señor, Don Andrès.
Don Andrès habìa sido un revolucionario, un luchador por la libertad, un personaje a respetar e imitar por la gente. Èl habìa luchado contra el sistema para lograr que se respetara al ser humano y su libre albedrìo, habìa peleado para que su gente no perdiera sus costumbres, sus tradiciones, pero el gobierno mundial habìa logrado vencerlo. Jordi habìa quedado fascinado por las conversaciones que tenìa con èl, y le habìa pedido que le transfiriera sus sueños e ideales pero el pequeño y enjuto Don Andrès se negaba. Una y otra vez se negaba.
Un dia, el anciano lo mandò a llamar, y le avisaron que llevara el extractor de recuerdos. Jordi acudiò ràpidamente y se encontrò al viejito sentado mirando el infinito atardecer, con su bastòn de madera negra que tenìa un puño de bronce pequeño en la parte superior, con la mirada perdida quièn sabe en dònde ,pero esperàndolo.
Don Andrès le dijo que sabìa que pronto iba a morir y que era hora de que èl se quedara con sus recuerdos. Jordi no entendiò hasta que el viejo le dijo: -eres el elegido.
Y entonces sòlo entonces, con una voz suave pero firme le dijo que habìa guardado sus recuerdos para alguièn que estuviera preparado para salvar el mundo, alguièn con ganas de luchar por convertirlo en un lugar mejor dònde los hombres fueran eso…humanos viviendo una experiencia humana, un mundo dònde hubiera de nuevo àrboles sembrados en las calles, dònde las empresas ya no contaminaran y la lluvia fuera sòlo agua que mojara suavemente campos, casas y personas.
El anciano tomò la mano de Jordi y le pidiò que fuera èl quièn luchara por el mundo y que comenzara transfirièndose sus recuerdos.
Nunca imaginò el joven que aquel dia cambiara su vida para siempre. Durante el proceso sintiò tantas cosas que luego necesitò meses para poder procesar todo lo que Don Andrès habìa sido y en lo que lo habìa convertido al sembrarle la semilla de la libertad.
La tarde de la transferencia fue la ùltima vez que se vieron. Aquella noche Don Andrès muriò en un sueño plàcido del que no despertò, pero sus deseos de un mundo libre, no habìa muerto con èl. Ahora habitaba en Jordi que estaba dispuesto a comenzar la lucha. Una vida para todos sin màs sueños comprados, sin màs recuerdos de amores pasados y lluvias antiguas…
Jordi sabìa que el mundo estaba necesitando libertad. Y muchos iban a seguirlo.

Textos: Bett Gonzalez Casasola

Fotos: Alberto de Haro

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