Sin escudos

Sin escudos

Quizá me equivoqué al bajar mis defensas. Sin escudos me mostré, probablemente porque sentí que eras sincero y real. No sé como hiciste para que no desconfiara de ti, ni siquiera atiné a poner mis manos para tapar mi corazón, simplemente dejé que me conocieras tal cual soy…
No hay reclamos: te abracé sin que me lo pidas, te cuidé sin que lo pidieras, y cuando me quise dar cuenta estaba con las manos vacías.

He perdido, lo sé. Pero los escudos ya están puestos en su lugar. Y yo muy lejos de tí.

Textos: Bett Gonzalez Casasola

Fotos: Alberto de Haro

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2 comentarios sobre “Sin escudos

  1. Las defensas caen, los escudos se rompen y nos sentimos más débiles, pero nuestras propias murallas se pueden volver contra nosotros (ser invulnerables no nos hace más fuertes, nos convierte en siervos de la certidumbre).

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